Guía para gestionar riesgos psicosociales en el cuidado de personas mayores

Este documento presenta los principales factores de riesgo psicosocial a los que están expuestas las personas dedicadas a la atención de ancianos. También incluye un conjunto de medidas preventivas dirigidas a evitar o reducir sus posibles efectos en la salud laboral.

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) ha editado la ‘Guía para la gestión de los riesgos psicosociales en la actividad de cuidado de personas mayores’, una publicación dirigida a responsables de la gestión de los riesgos laborales de las personas cuidadoras que trabajan en centros residenciales y en servicios de atención domiciliaria. Sus destinatarios principales son los empresarios y empresarias, técnicos y técnicas en prevención así como los y las representantes de las personas trabajadoras.

Los trabajos de asistencia y cuidados a personas mayores son exigentes tanto en el aspecto físico como en el psicológico. Es un sector de actividad laboral muy feminizado, en el que nueve de cada diez personas empleadas son mujeres con una edad media en torno a cincuenta años. La mayor parte trabaja en el sector privado, fundamentalmente en residencias y domicilios, donde predominan los contratos indefinidos y a jornada completa. Muchas cuentan con estudios de grado medio de formación profesional específica. En el sector, la proporción de personas inmigrantes es superior a la existente en otras actividades aunque tres cuartas partes tienen nacionalidad española.

La función básica del cuidado profesional de personas mayores es la asistencia en todas las actividades básicas de la vida diaria. El artículo 2 de la Ley 39/2006 de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia, (conocida como Ley de Dependencia),   define esas labores como “las tareas más elementales de la persona, que le permiten desenvolverse con un mínimo de autonomía e independencia, tales como el cuidado personal, las actividades domésticas básicas, la movilidad esencial, reconocer personas y objetos, orientarse, entender y ejecutar órdenes o tareas sencillas”.

 

Factores de riesgo

 

Tanto en las residencias como en el servicio de ayuda a domicilio existen algunos riesgos ligados al lugar de trabajo, como pueden ser los de incendio, caídas y golpes o exposiciones a agentes biológicos y a sustancias químicas. Además, las personas cuidadoras afrontan factores de riesgo específicos del puesto, entre los que cobran especial importancia los de tipo psicosocial y ergonómico debido a la atención directa y constante que requieren las personas usuarias. En el caso de las trabajadoras de ayuda a domicilio, hay que considerar también los riegos derivados del trabajo en solitario.

Los principales riesgos psicosociales son el estrés, el síndrome de ‘Burnout’ o ‘síndrome de estar quemado por el trabajo’ (SQT), la violencia en cualquiera de sus manifestaciones y las alteraciones derivadas del trabajo a turnos y nocturno. Todos ellos afectan a la salud de las personas bien a través de su influencia en procesos fisiológicos, emocionales, cognitivos y sociales, o bien mediante la generación de daños directos, como en el caso de algunas conductas violentas. Además, también pueden ocasionar otras consecuencias indeseadas, como trastornos músculo-esqueléticos, fatiga, accidentes de trabajo, absentismo o abandono prematuro.

Medidas de intervención

 

Las medidas de intervención que propone la Guía no son todas las posibles ni las únicas, pero deben ser interpretadas como una ayuda a la hora de decidir las medidas preventivas concretas que sea necesario adoptar en función las circunstancias y de la información obtenida en el proceso de identificación y evaluación.

Entre las posibles medidas preventivas que propone la Guía figuran las siguientes:

-          Planificar las tareas estableciendo objetivos, prioridades y métodos de trabajo. Definir funciones y responsabilidades, adecuar los ritmos y distribuir la carga evitando picos de trabajo.

-          Diseñar la carga de trabajo teniendo en cuenta todos los demás factores: diferentes tareas a realizar, ratios en función del perfil de usuario, imprevistos y picos de trabajo, rotaciones, etcétera.

-          Contar con la participación de los y las trabajadoras en la planificación de tareas, reparto del trabajo, resolución de incidencias, adquisición de equipos o asignación de turnos y de vacaciones mediante reuniones periódicas.

-          Planificar la carga de trabajo de manera que se incluya la realización de tareas de acompañamiento y escucha a los mayores.

-          Promover la rotación de puestos en casos de alto riesgo: residentes con mayor grado de dependencia, conflictivos, etcétera.

-          Distribuir equitativamente el personal la atención a los residentes en función de las necesidades y los niveles de dependencia.

-          Ajustar adecuadamente la carga de trabajo en el turno de noche, atendiendo a las recomendaciones ergonómicas.

-          Formar a los y las trabajadoras en temas relativos a técnicas de afrontamiento del estrés, habilidades de comunicación y trato al usuario.

-          Garantizar la presencia de personal adecuado en número y cualificación.

-          Formar en técnicas de reconocimiento de la violencia, autoprotección y manejo de los usuarios ante episodios de violencia, técnicas de relajación, etcétera.

-          Notificar y registrar los incidentes violentos, así como garantizar el apoyo de la Dirección para tratar las consecuencias inmediatas.

 

En el caso del trabajo en solitario, la Guía contempla la necesidad de adoptar algunas medidas específicas entre las que se incluyen las siguientes:

-          Realizar reuniones periódicas con mandos y otros trabajadores de atención domiciliaria para recibir instrucciones y contrastar experiencias. Las reuniones se pueden completar con contactos telefónicos entre los y las trabajadoras para intercambiar información, realizar consultas y aligerar la sensación de aislamiento.

-          Habilitar un canal para comunicar situaciones de violencia por parte de usuarios, familiares o terceras personas.

-          Realizar evaluaciones preliminares de las necesidades y problemática de las personas usuarias para informar a los y las trabajadoras y ajustar las tareas a llevar a cabo.